Hay una pequeña costumbre digital bastante absurda: para mandarle dos mensajes a alguien, primero tienes que fingir que merece un hueco estable en tu agenda.
Pasa con gente de Wallapop, de Facebook, de Tinder o con cualquier número que te cruzas un martes cualquiera. Necesitas escribirle una vez, quizá dos, pero no exactamente incorporarlo a tu vida. Aun así, el ritual suele ser el mismo: guardar contacto, abrir WhatsApp, escribir, y confiar en que algún día te acordarás de borrarlo. Naturalmente, muchas veces no te acuerdas. Y así la agenda acaba convertida en una especie de vertedero educado, lleno de personas que pasaron por tu móvil cinco minutos y decidieron quedarse a vivir allí.
Enviar WhatsApp sale justo de esa tontería. No pretende reinventar nada ni vender humo con palabras como productividad, ecosistema o experiencia fluida. Hace algo bastante más modesto y bastante más útil: te permite escribir a un número sin guardarlo antes en contactos.
La mecánica es simple. Eliges el prefijo, pegas o escribes el número y abres la conversación. Si ya vienes con el número completo en formato internacional, la herramienta lo respeta. Si la abres normalmente, intenta dejarte el prefijo encaminado según el idioma del navegador y, además, recuerda el último que usaste para no obligarte a repetir siempre la misma operación. Todo bastante civilizado, que ya es bastante para los tiempos que corren.
También admite números precargados desde la propia URL, así que no solo sirve para abrir un chat manualmente, sino también para lanzar una conversación desde un enlace ya preparado. Y como remate, está montada como una web app ligera, instalable y sin adornos innecesarios. Lo justo para hacer una cosa y hacerla bien.
Había además una idea que me interesaba mantener clara desde el principio: no meter la nariz donde no hace falta. La herramienta no necesita acceso a tu agenda ni pretende ponerse creativa con tus datos. Bastante tenemos ya con aplicaciones que quieren saber más de ti que algunos familiares. Aquí la gracia era precisamente la contraria: resolver una necesidad puntual sin pedir matrimonio.
Abrir herramienta:
