Estando en el mercado o en casa con la familia, existe una frase recurrente que repetimos como loritos: “los tomates de ahora no saben a nada”. Tiene algo de sentido, pero no porque las variedades producidas actualmente sean malas, sino porque nos hemos acostumbrado a unos ciclos de consumo hiperproductivos donde es el producto en sí mismo y su disponibilidad anual lo que adquiere valor, y no sus tiempos ni la calidad final.
Es importante recordar que el tomate de antes no era necesariamente mejor; la nostalgia te engaña, lo que recuerdas es un tomate traído del pueblo, cultivado durante el verano y recogido en su punto óptimo de maduración. Punto. Claro que estaba bueno.
HEMOS OLVIDADO LAS TEMPORADAS
Todo esto tiene una razón de ser y es que demandamos el mismo producto durante todos los meses del año, aunque no se respete su ciclo habitual, los queremos en un estado perfecto en las baldas del súper, que nos aguanten varios días en casa y que sean baratos. Esto se consigue con producciones a gran escala donde prima la cantidad, que también se recogen días antes de estar maduros por lo que carecen de ese profundo aroma y sabor y se conservan refrigerados todavía sin madurar para que lleguen impolutos a tu nevera. Es evidente que no podemos tener todo.
Como parte de este proceso, te surge la duda sobre qué producto está en sus mejores condiciones en cada momento, porque variedad también hay. Nuestros abuelos han vivido con estos procesos culturales y los tienen interiorizados pero nuestra generación no; hemos tenido, y tenemos, de todo durante todos los meses del año. Romper con esta dinámica requiere de un conocimiento que no siempre tenemos, incluso aunque el campo nos quede cerca.
Y aquí no se pretende decir qué debemos de comer sino de poner a los alimentos en su contexto y saber cuáles son sus épocas óptimas de consumo.
UNA CONSULTA DEBERÍA SER SUFICIENTE
Entras a internet y encuentras mil infografías, una por cada tipo de producto y acabas con 30 imágenes en el móvil que se vuelven imposibles de consultar. Buscas en Google y te da información contradictoria. Preguntas a la IA y aunque te oriente, el resultado no siempre va a ser el esperado. Se vuelve muy complicado seguir las temporadas de los productos sin tener la cabeza de tu abuela. No tendría que ser así.
Aquí entra el móvil, que llevamos siempre encima y las capacidades que nos aportan las herramientas digitales; no tiene sentido tener 30 archivos, muchas veces incompletos, cuando puedes abrir el móvil, escribir “borraja” y saber al momento cuándo está de temporada e, incluso, cuándo es el momento óptimo dentro de la temporada.
Puesto que no encontré nada que cubriese la necesidad que tenía, decidí construir la herramienta. Tenía claro que debía tener un funcionamiento simple y rápido; me cansan todas esas aplicaciones con mil pasos, registros y opciones. Quiero algo que funcione y no me maree, que sea práctico. Escribes “garbanzo” y tienes el resultado. Se visualiza directamente de dos maneras distintas, ambas sin ruido visual y bastante claras y sin tener que tomar decisiones adicionales.
HAY VIDA MÁS ALLÁ DEL TOMATE
En nuestra gastronomía tenemos múltiples categorías de productos, algunas más comunes que otras, pero todas presentes cuando, normalmente, en internet apenas vemos las tres típicas (fruta, hortalizas y pescado) pero como parte de esa revisión de la gastronomía y el entorno, entiendo que debemos de mirar más allá y recordar que todo lo que comemos viene de algo vivo, que tiene unos ciclos y que deberíamos, al menos, conocerlos. Siguiendo con esta dinámica, he incorporado categorías como los cereales, las legumbres, las setas, el forrajeo o la caza, y alguna otra que verás en la web. Son categorías con un enorme potencial y que, o bien no consideramos en el día a día, o por encima de los tomates, asumimos su disponibilidad anual de forma automática, y eso no existe.
Además de la riqueza que tenemos en la variedad de nuestras mesas y bodegones, el lenguaje es otra de las riquezas de las que podemos presumir. Esto hace que un mismo producto pueda tener distintos nombres en función de dónde se consuma, por lo que era algo a tener muy presente en la construcción de la base de datos. Puesto que la diversidad del lenguaje aporta, la semántica de la web se plantea con esto en mente y puedes buscar un producto por el nombre que uses habitualmente. Si escribes “choco”, llegarás a la misma ficha que si buscas “sepia” pero puede darse el caso de que busques “habichuela”, que puede referirse a distintos productos, y en este caso te mostrará ambos.


DISPONIBLE DONDE REALMENTE SE CONSULTA
Las páginas web modernas pueden integrar una tecnología llamada PWA, que permite generar un enlace como si fuese una aplicación nativa de tu teléfono. Tener que escribir la dirección de la página, aunque sencilla, puede generar fricción para usar la aplicación, por lo que también busqué reducirla al mínimo posible. Cada vez que quiero usarla, la tengo como una aplicación más, a simple vista y a un toque.
Llegados a este punto, necesitaba otra forma de acceder al contenido porque quedarnos aquí hubiera sido lo sencillo. El objetivo seguía siendo el mismo; que fuese práctico y funcional, sin pasos extra. La solución pasó por montar un bot de telegram vinculado a la base de datos de la web, de manera que los recursos quedan compartidos y muestran la misma información actualizada. Dispones de varios menús para visualizar por mes, categoría, etc, pero si quieres ir a lo sencillo, escribes “atún” directamente en el bot y te muestra la ficha del producto. Sin perder el tiempo, sin complicaciones.
BEBIENDO DE LAS FUENTES
Obtener los datos de los distintos productos puede resultar abrumador entre tantas opciones, catálogos y páginas con fichas pdf de productos por temporadas, pero el Ministerio de Agricultura dispone de manera pública de varios calendarios con las temporadas de más de 100 productos habituales en nuestros mercados. Esta ha sido la fuente principal de los datos en la web, pero en algunos temas se quedaba corto por lo que ha sido necesario, en muchos casos, ir revisando los periodos de manera individual, dando prioridad a las fuentes y/o estudios pertenecientes a instituciones públicas o, en su defecto, a instituciones privadas que deciden compartir calendarios de cosecha/producción. En las fichas de los productos en telegram se muestran las fuentes empleadas para la construcción de cada ficha, no así en la web, que se muestra de manera más limpia y general; en las notas internas están documentadas todas las fuentes de cada ficha.
MENOS ES MÁS
Una vez establecida la plataforma, como es el caso, mi objetivo pasa por ampliar el catálogo dentro de lo posible y corregir posibles incoherencias o errores que pudiese haber. Como he venido repitiendo, uno de los objetivos del diseño de la plataforma es que fuese sencilla, clara y directa, y añadir funcionalidades extra añadiría pasos que, probablemente, serían innecesarios.
