Autor: Guillermo

  • Cómo llevar un registro digital de tus libros en papel

    Cómo llevar un registro digital de tus libros en papel

    Los colores y diseños de los lomos, las portadas, el olor a papel y el tacto al pasar las hojas de los libros hacen del formato tradicional algo insustituible. Tener organizados los libros en las estanterías, o incluso por cualquier lado, es un placer difícil de describir pero que es compartido por quien tiene libros en casa.

    Con el paso de los años vas acumulando los libros que has leído, que están en la lista de pendientes o que necesitas consultar por trabajo, estudio o mera curiosidad. El hecho es que esas cajitas de conocimiento van ocupando un espacio cada vez mayor y tenerlas organizadas es un reto a resolver; cada cual tiene su método, quizá por color, tamaño, autor, editorial, idioma, temas, periodo, etc.

    Si la colección no es muy grande, es probable que nos las podamos arreglar con un simple vistazo para localizar el libro que queremos, pero algunas colecciones son de otras dimensiones y esto no es posible. El registro digital es un sistema que usan las bibliotecas y que podemos aplicar también en nuestra casa.

    Varias opciones en la red

    Puesto que no trabajo en una biblioteca ni conozco cómo funciona el sistema de registro, pregunté si existía alguna herramienta para hacer algo similar a nivel doméstico y obtuve bastantes respuestas de gente que estaba interesada en un método así, pero nadie tenía la solución. Así que lo que hice, fue investigar por mi cuenta y encontré varias opciones, algunas mejores que otras. Listados de aplicaciones hay unos cuántos, pero el que quizá más me gusto fue el de Julián Marquina en su blog.

    Tener tantas aplicaciones puede resultar abrumador y probarlas todas a ver cuál es mejor es algo que puedes hacer, pero quizá no sea lo más práctico. El hecho es que probé varias de las aplicaciones y estuve revisando funciones y críticas de otros usuarios.

    Algunas de las funciones que comparten las aplicaciones, en su mayoría, es la adición de libros desde el ISBN (tecleado o por foto), llevar un registro de préstamos, lista de libros pendientes de leer (o comprar), indicar la estantería física en la que se encuentran y compartir listas mediante una url.

    Aplicaciones que merecen la pena

    Cuando me propuse buscar la herramienta, buscaba que tuviera formato app, web (auto-hosted), que fuera gratuita y de código abierto; para mi desgracia, no la encontré. Me parece importante romper con la dependencia de servidores externos para almacenar tus datos. En el camino, me topé con unas cuántas aplicaciones que cumplen con el propósito.

    Sin duda, la mejor opción relación calidad-precio es Collectorz. La estética es un tanto anticuada, pero cumple con lo buscado. Cuesta 30€ al año. No se especifica que tenga un límite de libros.

    La mejor opción es Libib, que funciona no sólo como registro de tu propia biblioteca sino hasta cierto punto, como red social dedicada a los libros. Aspecto más moderno y multitud de opciones, con versión gratuita limitada a 5000 libros y funciones limitadas o bloqueadas y la opción de pago, que son $99 al año, con todo desbloqueado y un límite de 100000 libros.

    Las más económicas

    Para quienes sean más manitas y se les dé bien montar sistemas, la combinación de LibraryThing y TinyCat es una buena opción, bastante completa en cuanto a funciones, pero alejada del público medio. Una opción interesante a tener en cuenta para determinadas personas. Aquí las instrucciones.

    Llegados a este punto, podréis pensar que no hay opciones gratuitas y eso no es así. Bookshelf es un servicio gratuito, de lo más completo y con interfaz amigable. Aparentemente no tiene límite de libros. Por ponerle una pega, sólo se puede usar desde la aplicación móvil y no puedes acceder desde el ordenador. Como aplicación privada, mi favorita.

    Calibre, el viejo conocido

    Llegados a este punto, ninguna opción me permitía mantener mis datos en mis propios equipos así que traté de buscar otra de conseguirlo. La opción fue Calibre, la aplicación pensada para guardar ebooks, aunque suene extraño. Y es verdad que limita bastante al no disponer de formato web, ni de app móvil, ni poder compartir listas y desconozco si la lista se puede tener accesible en una red local (posible en teoría). Poniendo los ‘pros’ y ‘contras’ en la balanza, quizá sea tu mejor opción. A favor, además, puedes indicar si está prestado o no, a quién, la estantería donde está, categorías y cuantos datos extra necesites. De la misma manera que podrías hacer otra biblioteca para gestionar películas o discos de música en formato físico.

    Si bien la primera vez que quieras meter los libros te llevará cierto trabajo, será más o menos el mismo tiempo que tengas que dedicar con cualquiera de las otras aplicaciones. En caso de usar Calibre y con el fin de agilizar el proceso, me sirvo de la aplicación de Bookshelf para sacar el listado de ISBNs de todos los libros de la colección, ya que una vez tenga todos los libros escaneados, te permitirá exportar un archivo *.csv con los datos de todos los libros guardados, pudiendo seleccionar las colecciones de forma individual (si los has ido grabando por colecciones) o seleccionar todas de vez.

    Antes de comenzar y aunque parezca un tanto tedioso, sólo tendrás que hacerlo la primera vez y siguiendo los pasos, no tiene pérdida. Una vez tengas el archivo *.csv en el ordenador, deberás abrir una hoja en blanco de Excel, ir al menú de ‘Datos’ y seleccionar el botón ‘Desde el texto/CSV’, seleccionas el archivo exportado previamente y se te organizará por columnas, le das a ‘Transformar datos’ y se desplegará una nueva ventana. Ya casi estamos, ahora hay que darle a ‘Cerrar y cargar’ en el botón que está en la esquina superior izquierda y se te abrirá la ventana de Excel con una tabla con los datos de los libros exportados. Nos interesa únicamente la columna del ISBN. Seleccionamos toda la columna y transformamos el formato de celdas a “Número” con cero decimales. Guardamos y reservamos el archivo.

    Ahora es el momento de acudir a Calibre y crear una nueva librería, que utilizaremos únicamente para los libros en papel. Jenofonte nos hace un tutorial para gestionar libros reales en Calibre y algún truco extra por si queréis profundizar. Lo primero que haremos será crear una nueva biblioteca en Calibre, de lo que Jenofonte tiene otro vídeo muy didáctico del proceso pero voy a tratar de resumir aquí los pasos.

    Una vez abierto Calibre, en la barra superior iremos al botón ‘Biblioteca’ en seleccionaremos el desplegable lateral, seleccionando la opción “cambiar o crear biblioteca…”. Hecho esto, se abrirá una ventana donde tendremos que indicar la ruta donde queremos que se guarde nuestra futura biblioteca (algo habitual será guardarla en la carpeta de Documentos, o en la que venga por defecto) y seleccionaremos la segunda opción, que dice “Crear una biblioteca vacía en la nueva ubicación”, le damos a aceptar y ya tendremos nuestra nueva biblioteca creada.

    Llega el momento de importar los libros y para ello, recuperaremos la tabla guardada con los ISBNs. La opción más rápida es introducir el ISBN, con el que de forma automática nos descargará la portada, descripción y demás datos del libro. Simplemente tendremos que copiar la columna y pegarla en la ventana de Calibre. Es posible que algún libro, si se trata de una rara edición, no reconozca el ISBN y haya que introducirlo a mano; simplemente tendremos que seleccionar “añadir libro en blanco” y rellenar los datos a mano.

    Seleccionando la opción de introducirlos por ISBN nos servirá tanto la primera vez que agreguemos libros como en el futuro a la hora de actualizar el registro, que será más rápido que andar haciendo fotos y exportando archivos. Cualquier librería con página web tendrá el ISBN del libro que hayas comprado, simplemente tendrás que copiarlo y pegarlo en la misma pestaña de Calibre y se agregará a la colección.

    Llegados hasta aquí, sólo queda ir actualizando la biblioteca de Calibre con los nuevos libros que vayan llegando. Y dar uso a los libros.

    Es probable que en el futuro salgan mejores opciones, más dinámicas, rápidas y funcionales. Si conoces algún proyecto en marcha o una aplicación que cumpla con su cometido y no esté mencionada, agradecería que me lo hagas saber.

  • Hacer política a base de bulos y con 10 cervezas de más

    Hacer política a base de bulos y con 10 cervezas de más

    Bulos, bulos y más bulos. No hay día que la ultraderecha no nos bombardee con sus bulos xenófobos, misóginos, patrioteros o tratando de blanquear a algún energúmeno. El típico borracho del bar ahora tiene móvil e internet, y se junta con otros borrachos en la red para sentirse escuchado y suplir la falta de atención que tenía en la barra del bar. Por desgracia, quienes luego tenemos que sufrirlos, somos la gente normal, pues abras la red social que abras, siempre te encuentras alguna de estas publicaciones, ‘fake news’, bulos, paparruchas o como quieras llamarlas.

    Inundan los grupos comunitarios de Facebook, en todo grupo de whatsapp se cuela alguno e incluso en twitter, que a veces te hacen dudar de si es un bot o un tipo real (te sueles quedar con la duda). ¿Borrachos? Sí, además de puteros y ultraderechistas, desde siempre. ¿El cuñado facha después de cinco cubatas en la cena de Navidad? Es un habitual en las redes sociales, es posible que te lo encuentres en redes insultando y compartiendo bulos bajo un pseudónimo.

    Algo que tienen en común, además de su constante necesidad de atención, es que son seguidores de VOX, en su mayoría, a otros se les queda muy a la izquierda. Las teorías conspiracionistas que buscan acabar con la ‘raza española™’ o que una orden ancestral de alienígenas quieren imponer un nuevo orden mundial forman parte del día a día, pero estas no salen a la luz hasta que les das suficiente coba; quedarían de locos (ninguna sorpresa).

    Esta gente es la que se dedica a propagar, en primer lugar, las noticias falsas que nos llegan todos los días y si se encuentran con algún pardillo (perdonadme el término) que piense que son personas normales con las que se puede razonar, se enfrentará a la iracunda horda ultraderechista que le insultará, amenazará o, en el mejor de los casos, tratarán de argumentarle entre insultos y más bulos ultraderechistas usados como “argumento definitivo”.

    Los cazadores de bulos

    Entre quienes les responden y tratan de discutir con las hordas, es habitual ver enlaces a páginas como Maldito Bulo y otras páginas similares que precisamente a lo que se dedican es a contrastar la “información” que publica la carcundia. Pero si pensáis que ahí acaba el “debate”, pidiendo perdón y asumiendo que han publicado información falsa y no contrastada, nada más lejos de la realidad, no hacen sino más que reafirmar a quien ha difundido el bulo.

    Si buscamos en la página de MB cuál es el fin de desmentir los bulos, hablan de la lucha contra el discurso de odio y evitar la creación de falsos imaginarios colectivos, como una acción de periodismo responsable. Y si bien considero que es importante esta labor, también creo que debemos de aprender a enfocar el discurso, y cómo combatimos el discurso de odio y los falsos imaginarios colectivos.

    Desde la Izquierda pensamos que podemos convencer a todo el mundo con argumentos, porque moralmente somos superiores y, aunque lo somos, nos lo tenemos muy creído y tenemos tendencia a ser unos gilipollas y mirar con distancia la realidad de las masas.

    Sabemos que las masas tienen distintas formas de aproximación, pero es algo que todavía, muchas personas, tenemos que asimilar. En buena parte de la población, gente con la que sí se puede razonar, incidir desmintiendo los bulos es una opción perfectamente viable pero no con aquellos ultraderechistas que tienen más sesgos de confirmación que argumentos.

    La ultraderecha

    No podemos obviar que la ultraderecha tiene a día de hoy un peso que no tenía antes, que siempre ha existido, pero estaba confinada en el ala derecha del PP. A día de hoy, eso se ha roto y todos los fachas que te daban la chapa desde la barra del bar, ahora tienen internet y unas siglas con las que identificarse, y ya sabemos sobre la importancia de la simbología; se nos vienen arriba y están todo el día difundiendo bulos.

    El sesgo de confirmación impide poder razonar con la carcundia y de nada sirve que, de forma objetiva, obvia y sin atisbo alguno de duda, le dejes sin argumentos. Te volverán a responder con el mismo artículo, como si fuese un argumento, te insultarán, serán capaces de inventarse nuevos tipos de falacia que usar contra ti y eventualmente te acabarán bloqueando para seguir difundiendo bulos sin que le repliques, incluso lo publicarán cinco o seis veces para que no seas capaz de replicarle en todas sus publicaciones. Y es evidente que es con intención la difusión de bulos, el listón ético lo tienen más bajo, y si difamar es el fin en redes, cualquier opción vale; ‘El mundo today’ o ‘Cerebrother’ son opciones a usar si el “artículo” critica a alguien de izquierdas. No, no es broma, aunque lo parezca.

    Cuando pasas cierto tiempo discutiendo con esta gente, te llegas a percatar de cuántas páginas ultraderechistas tienen para difundir bulos, medias verdades y conspiraciones. Es increíble. Título tendencioso a modo de cebo, imagen en mala posición de alguien de izquierdas y una entradilla claramente malintencionada; ante esto, ni entras a la página porque ya sabes de qué va el tema. Sin embargo, os animo a entrar cuando la página sea ultraderechista pero no os suene el nombre. A veces te encuentras cosas que llaman la atención, como páginas montadas con un blogspot, un dominio *.es, una plantilla de periódico y una portada de la web con “cientos” de artículos pero que no funcionan, es todo apariencia programa por código, donde únicamente hay tres o cuatro artículos publicados, enlazados en la parte principal de la página y cuyo contenido es el mencionado anteriormente, no pasan del párrafo escrito. Encontréis decenas de páginas similares destinadas, en exclusiva, a difundir bulos y/o propaganda ultraderechista. También es habitual ver como se autoenlazan artículos entre páginas ultraderechistas para “confirmar” sus locas teorías, de la misma manera que hacen las páginas dedicadas a las conspiraciones con sus falsos estudios científicos.

    Si vamos a otras opciones más conocidas en el mundo de los bulos y la propaganda ultra, encontramos páginas, como OkDiario, que se posicionan en buscadores con artículos de recetas de cocina, consejos para el hogar o de informática doméstica, pero cuya función principal es servir de altavoz ultraderechista y de las cloacas del Estado.

    Hablar de estrategias empleadas por la ultraderecha me daría para varios párrafos más, pero la forma de hacer llegar todas estas páginas es centralizándolas en grupos de difusión para tener acceso directo a los enlaces, que luego se difunden en las redes sociales por la Horda.

    La batalla cultural

    Dar la batalla cultural con estas cuestiones significa saber con quién estás discutiendo, y no destinar esfuerzos con métodos que no te van a reportar beneficios, sociales en este caso.

    Cuando tratas de discutir con la ultraderecha, tienes que tener presente que son fachas convencidos, y no les vas a hacer cambiar de opción. Cada vez que les compartes un artículo de Maldito Bulo, el Diario, o incluso el Mundo, ven “medios de propaganda comunista” que ataca sin credibilidad alguna su forma de pensar y, junto al sesgo de confirmación tan fuerte que tienen, no sólo no entrarán a leerlo, sino que estarás reforzando aún más sus convicciones ultras.

    Saben que la forma más fácil de llegar a la gente es parecer moderado, defensor de las tradiciones y trabajador, aunque sea tan facha que resulte un cliché, defensor del nacionalcatolicismo y viva de ayudas o de explotar a gente que sí trabaja. Con la práctica, los detectas de lejos.

    Desmentir los bulos es importante pero no podemos ni debemos de permitir que la batalla cultural contra el discurso de odio y la creación de falsos idearios colectivos pase únicamente por ahí, pues por más bulos que tumbemos, tendrán la batalla cultural ganada al ceder a discutir sobre sus delirios de acomplejados.

    La agenda discursiva tiene que ir marcada por la Izquierda, y no por los bulos de la ultraderecha, que siempre responden a la agenda de esta.

    No conseguirás convencer a la Horda, hay que asumirlo. La mejor forma de combatir el discurso ultraderechista, al menos en estos términos, pasa por la ofensa, pero una ofensa inteligente; el insulto gratuito es cutre, muy cutre, no lo uses. Trata de ofender yendo al sinsentido de determinadas tradiciones, a la contradicción que suponen la mayoría de sus planteamientos, a la hipocresía de la que siempre hacen gala, a su miseria personal interior, cuando aplauden ante situaciones totalmente injustas como que echen a la gente de sus casas y además les apaleen, o cuando defienden a violadores y justifican violaciones. La batalla cultural pasa por generarles contradicciones, exponerlas, criticarlas y dejarles en evidencia ante el mayor número de personas. Ten presente que es más que probable que te amenacen si les plantas cara.

    Que sus gilipolleces no queden sin ofensa, es tarea común.

  • Juventud, apuestas y precariedad, más allá del espacio físico

    Juventud, apuestas y precariedad, más allá del espacio físico

    Siempre ha existido el bingo, los casinos y las tragaperras, con un nombre muy acertado. Cuando hablamos del juego no hacemos referencia a un espacio de uso reciente, es algo que lleva años en nuestras ciudades, pero en la última década se ha trasformado en un gigante peligroso, que arrastra a la ruina social y económica a nuestra juventud. Bares, casas de apuestas, bingos, casinos, cafeterías con ‘juego’ e internet han transformado el uso del espacio público del que hace uso la juventud.

    La generación Millenial y la Z nacimos en los 90 y a principios del 2000, y somos quienes nos estamos incorporando a la vida adulta. Nuestra infancia ha venido marcada por innumerables cambios sustanciales en la sociedad que han revolucionado la forma en la que vivimos; medios de comunicación, internet, nivel de vida, los viajes, la medicina, la tecnología y un largo etcétera, pero el que probablemente sea el más significativo es el hecho de que desde que tenemos uso de razón, nuestras vidas han estado rodeadas por la crisis económica.

    Nuestras generaciones han crecido y madurado con la precariedad como seña de identidad, ese lastre capitalista que busca individualizar los problemas de nuestra generación e incluso los viste como algo guay con términos en inglés como el ‘co-living’ para decir que tenemos que compartir piso hasta los 40 porque no tenemos dinero para vivir por nuestra cuenta.

    El juego evoluciona

    La precariedad de la juventud es precisamente aquello que trata de explotar el capitalismo con las casas de apuestas, para exprimir aún más a las clases trabajadoras. Y no es casual que donde más de estos espacios haya sea en los barrios humildes de nuestras ciudades. Se plantean como un modelo de “ocio moderno” en el que dependes de tu “propia suerte” para hacerte rico, o ganar dinero, y salir de la precariedad. Es obvio decir que el azar no existe, son negocios amañados.

    En los últimos 15 años se ha visto una evolución considerable del sector del juego, apostando por unos jugadores jóvenes como su nicho de mercado más importante, aquellos a los que sacar los cuartos con mayor facilidad. Si bien en aquellos años, el modelo de los salones de juego resultaba poco atractivo y lleno de señores, se optaba por partidas de póker o cartas en los descansos del instituto con algo de dinero, muy poco, lo suficiente para darle un “aliciente” al recreo. Si bien puede resultar inocente, de lo que estamos hablando es de hábitos que se construyen en la adolescencia y una búsqueda de modelos de ocio diferente a los que la sociedad ofrece, que son nulos o anticuados. Con 16 años, en el bar y con las monedas que sobran del café, pruebas a echarlas en la máquina tragaperras y como nadie te decía nada, incluso se trata como algo totalmente normalizado por la sociedad porque “no hace daño a nadie”, no le das mayor importancia. Con 16 años quizá ya tengas algo más de dinero de algún curro de fin de semana, los modelos de ocio siguen siendo lamentables y te apetece estar con los colegas de siempre, el póker (u otros juegos) te permiten echarte unas risas y con 10 euros, el subidón de adrenalina es bastante mayor.

    La normalización de la publicidad del Juego

    Futbolistas a los que admiras y famosos que han estado todas las tardes en la tele de tu casa te animan a apostar, es divertido, algo normal y puedes ganar más dinero que trabajando de camarero. Y además eres bueno en ello, o eso te hacen creer. También te contarán que, si te esfuerzas, puedes ganar y tenerlo como un trabajo convencional, y salir de la espiral precaria en la que vive la juventud. Coches, casas, oro, mujeres… porque hay que recordar que la publicidad se enfoca a los chicos jóvenes, que son su principal cliente, y es una publicidad bastante machista.

    Las apuestas es un entorno altamente masculinizado, donde las recompensas buscan premiar el modelo más tradicional, relacionado con el éxito masculino dentro del capitalismo, y donde las mujeres son estigmatizadas y consideradas una amenaza por sus “armas femeninas”. Siendo el juego online donde empieza a subir la presencia femenina, debido al anonimato frente a otros jugadores, pero se mantienen en unas cifras muy alejadas respecto a los jóvenes.

    En los últimos 10 años, las casas de apuestas forman parte de un proceso que se ha ido normalizando, han adquirido una estética juvenil y se venden como una alternativa de ocio que empodera a la juventud dentro del neoliberalismo, y bajo sus estándares. Gastan cantidades ingentes de dinero en publicidad y campañas agresivas para atraer a cada vez más jóvenes. Son espacios con comida y bebida muy barata, que permite a la gente joven echar la tarde mientras apueste, que se conforma como una actividad social porque también incentivan que vayas con los amigos y puedes apostar en cualquier tema que puedas imaginar, dando la sensación de que tienes la capacidad de decidir e incluso de ganar. Y aunque legalmente no puedes entrar si tienes menos de 18 años, es una ley que se toman con laxitud desde los locales y como las redadas policiales son escasas, buscan enganchar incluso a menores de edad.

    Juego online, publicidad, socialización, ocio y espacios apropiados

    Es importante aclarar que en internet sólo puedes apostar con el DNI de una persona mayor de edad, que se verifica. Sin embargo, las estrategias para jugar online existen. Sin extenderme mucho, quiero hacer hincapié en la importancia de la apropiación de espacios públicos y en la organización de la juventud para construir alternativas de ocio, pues en caso contrario, pondrán casas de apuestas en los espacios que no ocupe la sociedad.

    Las apuestas online van un paso más allá de las presenciales y favorecen un proceso de adicción e invisibilización de los problemas con mayor facilidad. Restan el componente social que buscan al introducirte, te ofrecen gran privacidad al poderlo hacer desde el móvil y cuenta con gran cantidad de reclamos publicitarios e incluso económicos para que juegues. Forma parte de un proceso por etapas del lobby del juego para introducirte, agarrarte y no dejarte salir.

    Y es importante hablar de las casas de apuestas y el juego online pero también hacerlo de la publicidad y las formas que emplean para visibilizarse porque dada su normalización, ni tan siquiera nos paramos a pensar si realmente es algo normal.

    Encontramos espacios intergeneracionales como los estadios y espacios deportivos donde vemos sin pudor como las casas de apuestas financian a los equipos deportivos y es realmente difícil encontrar algún equipo que no cuente con su patrocinio. En la televisión tenemos infinidad de anuncios de casas de apuestas, en vallas publicitarias cercanas a colegios, en el mobiliario urbano o navegando por internet, y estos son espacios que comparten desde los más pequeños hasta lo más mayores, estando en todos los lados, sin escapatoria a su publicidad. Y precisamente porque son espacios intergeneracionales, me atrevería a decir que es donde menos esfuerzos dedican en hacerse ver (cualquiera lo diría), pues su objetivo sigue siendo la juventud precaria, la que vive en barrios humildes y trabajadores, allá donde ponen las casas de apuestas para que no tengan que salir del barrio, en sus redes sociales, para que no tengan que buscarla.

    La juventud tiene espacios propios, espacios públicos propios gracias a internet, en los que se mueve con soltura y comodidad, ajenos a la visión de los más mayores y con intereses comunes entre la gente, espacios que el lobby de las apuestas ha sabido comprender y atacar con ferocidad. El estigma de la precariedad se ve difuminado en estos espacios, pero los intereses son comunes y no se pueden enmascarar; la división de clases la llevamos en nuestra sangre, aunque la conozcamos con otros términos y las casas de apuestas también se enfocan en aquellos espacios con conocimiento de causa.

    La publicidad con campañas concretas

    Por centrarme en espacios concretos, mencionaré los grupos de ‘chollos’, que a priori puede parecer innocuo al ayudarte a ahorrar unos euros en algún electrodoméstico que necesites, aunque no deja de ser un espacio que te incite a comprar cosas que no necesites, pero lo relevante de estos grupos es la connivencia que tienen con las casas de apuestas, tanto online como presenciales. Detrás hay grandes campañas de publicidad que ofertan promociones, mayores si son en grupo, regalos por registrarte e incluso dinero para poder apostar; dinero que no podrás sacar hasta que no metas más dinero. Son estrategias muy medidas y sin pérdidas económicas para el lobby pero que abre la posibilidad a nuevas formas de apostar en la juventud, que es quien realmente pierde. Todas ellas te las venden como “apuestas sin pérdidas/riesgos”. Ya, claro.

    Un tipo de campaña en redes que suele funcionar muy bien es la de los concursos, en la que por hacer difusión de algún producto (casas de apuestas en este caso), te regalan algo. Esta semana hemos tenido una campaña de Arabet en la que regalan entradas para fútbol y basket para ir a ver al equipo de la ciudad; aquí volvemos a la tóxica relación de las casas de apuestas con los deportes profesionales (y no tanto).

    Pero dichos concursos no sólo se suscriben al ámbito deportivo, ya que podemos ver habitualmente campañas en las que regalan consolas, dinero para apostar, conciertos, etc, o campañas en las que, si gastas determinada cantidad de dinero en una casa de apuestas, consigues acceso a determinados foros o te regalan bienes materiales.

    No es que tengas publicidad del lobby allá por donde pases, que también, sino que además tienes promociones difíciles de rechazar, que necesariamente están pensadas para incidir contundentemente en las aspiraciones de la juventud precaria y, el discurso neoliberal que nos venden en el que afirman que la suerte depende de nosotros y que cualquiera puede salir de la pobreza si se lo propone, aunque sea con unas gafas de sol o un polo de marca.

    Menores de edad, influencers y videojuegos

    Y esto sólo es la punta del iceberg capitalista del lobby del juego ya que los menores de edad están en su punto de mira, influenciados por el entramado publicitario y cultural montado alrededor de las apuestas, surgen formas más específicas de sacarles el dinero y es mediante los videojuegos, con prácticas relativamente recientes como es la compra de mejoras y objetos exclusivos.

    La estrategia que siguen es similar en todos los casos: suelen ser juegos en los que interactúas con otras personas, lo habitual es jugar con tus amigos, un sistema de recompensas y el juego en sí es gratuito o casi gratuito, la experiencia de juego se ve limitada notablemente si no compras mejoras, las cuales se pueden conseguir por niveles de precio y en distintas etapas de la evolución del juego, de manera que lo que buscan es generar cierta dependencia y competición en la que te incitan de forma permanente a comprar alguna mejora para avanzar de manera más entretenida.

    Cuando entramos en los espacios públicos de la gente joven, aparecen los youtubers e influencers, siendo la versión moderna de comunicadores y famosos de las generaciones anteriores. Una de las temáticas más comunes es la de videojuegos, siendo bastante entretenida, donde quienes son los protagonistas tienen todas las mejoras en los juegos que suben, y muestran las supuestas ventajas en el juego de tener esos objetos. No deja de ser una forma moderna de publicidad. También es habitual que dichos youtubers e influencers den códigos de descuento para las tiendas de productos de los juegos, código con el que se llevan un porcentaje.

    Es habitual que, en determinados juegos, la forma de poder seguir jugando con contenido nuevo sea mediante la compra de actualizaciones periódicas, logrando además un desequilibrio desproporcionado entre jugadores que gastan dinero y aquellos que no lo hacen al obtener objetos con gran poder en el juego, viéndote avocado, de nuevo, ante la precariedad del sistema capitalista y no puedes jugar con tranquilidad ni evadirte de los problemas. Patrones de conducta similares a otras problemáticas y acentuados por el sistema económico.

    En este sentido funciona GTA V, uno de los juegos con más tirón, en el que también hacen promociones de saldo. Esta misma semana salió la nueva actualización, que además de objetos, te traen contenido nuevo para poder jugar. Estuve haciendo cálculos (https://twitter.com/will_zgz/status/1205205150786375680) y el precio mínimo para poder jugar al nuevo contenido era de 15 euros, más dinero que el que cuesta el juego, también hice el cálculo de cuánto costaría comprar la nueva actualización completa y rondaba los 390 euros. También diré que es una actualización habitual, habiendo visto alguna de varios miles de euros. Dentro del propio juego se encuentra un Casino totalmente funcional, el que se apuesta con dinero real, pero del que no puedes sacar beneficio fuera del juego.

    Con cierta facilidad se suelen ver los juegos con ‘cajas de loot sorpresa’, cajas de premios, por las que pagas dinero real sin saber que hay dentro. Lo cual tiene cierta similitud con las apuestas convencionales. Cada vez se escucha más la corriente que pide acabar con esta práctica, pero se hace caso omiso.

    Apuntes de clase y batalla cultural

    Las casas de apuestas también se suman a proyectos de juegos alternativos e incluso a modernas plataformas de juegos de realidad virtual, siendo juegos accesibles a menores de edad.

    En estas situaciones, es imposible evadir la carga de la publicidad/recompensa de las apuestas y el gasto en juego, sumiéndote en una situación de excepción si eres de las pocas personas que no se gasta dinero en una forma de juego o en otra. La socialización alejada de las apuestas se vuelve una carga sobre la gente joven, con una presión difícil de comprender desde visiones ajenas en edad. Las apuestas y el juego van estrechamente ligados a un modelo de ocio neoliberal contra las clases populares y debe de ser desde estas donde se articulen alternativas al modelo depredador y consumista que nos aboca a la ruina como generación y como clase social. Importante es también la concienciación política y que si llegado el momento, desde las instituciones se deciden a colaborar de esta alternativa de modelo de ocio, no se puede repetir la tutela y condicionamiento pues entonces dejar de ser libre para ser condicionado y caer en viejos patrones.

    Ante la duda que pueda surgir en la necesidad de la existencia de youtubers e influencers, aclarar que la generación de referentes culturales es imprescindible para cada generación y, además de inevitable, es absolutamente necesaria. Pero sucede que al igual que con los espacios públicos; si no los ocupa la sociedad organizada, te los ocupa el capitalismo.

    Las Apuestas y el Juego tienen muchas patas, en la que distintos profesionales tienen mucho que decir y aportar, pero como juventud y desde la parte política, debemos de asumir que se trata de una batalla cultural a la que tenemos que hacer frente, con un importante interés económico detrás para que esta situación no cambie. Seamos conscientes de que nos jugamos la salud social, cultural y económica de nuestra gente, de nuestros barrios y de las generaciones que vienen.

  • La arquitectura tiene género

    La arquitectura tiene género

    Decía Lina Bo Bardi que «la Arquitectura es el espejo de la personalidad de quien la escoge, la habita o de quien la proyecta. Creo que la función del arquitecto es ante todo conocer la manera de vivir del pueblo en sus casas y procurar estudiar los medios técnicos para resolver las dificultades que encuentra la vida de millares de personas.

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  • Más influencers, más Marx & Engels

    Más influencers, más Marx & Engels

    Los youtubers e influencers tienen que formar parte de la batalla cultural y estrategia comunicativa en la izquierda. No importa si no te gustan o no quieres aceptarlo, si no entiendes de qué va la historia o te resultan intrascendentes; no importa, incluso, si actúas de forma condescendiente para con la juventud o acrítica respecto a la difusión del discurso.

    En diciembre de 2018 se puso de moda el meme que acompaña este artículo; no esta misma imagen, sino una versión más condescendiente. Acompañada de insufribles textos que echaban pestes de la juventud, sus medios para comunicarse, sus formas de politizarse y sus modos de entretenimiento. La diferencia de edad en la acrítica era el nexo común entre publicaciones. Donde lo que evidenciaban era una posición alejada de las masas, de sus intereses y la incapacidad que tenemos, como izquierda, de establecer un discurso de masas (sin olvidar que no tenemos grandes medios).

    Acertadamente, más o menos, señalaban a youtubers que contribuyen a crear un discurso reaccionario entre la juventud (no solo), como UTBH (el condón machista), Dalas, Alpiste y otras personas menos conocidas en la izquierda pero que también contribuyen con sus vídeos a fomentar el discurso del odio, generalizando y asumiendo que ser influencers significa tener una posición reaccionaria (menudo error). Esta situación se da, en parte, porque no tienen un discurso que les plante cara con las nuevas formas de comunicación; no hemos dado importancia suficiente a las nuevas plataformas, a las que hemos considerado cosas de críos o de niños gritando (aka niños rata), como algo que no tendría mucho alcance, pero vaya, resulta que sí lo tiene y que, al no ser conscientes plenamente de la realidad de las masas, no hemos sabido estar ahí.

    Es recurrente el comentario que desprecia las nuevas vías de comunicación para generar discurso y conciencia de clase, haciendo alusión a los libros como única vía de formación política aceptable. Y desde luego que son importantes y debemos de estudiarlos, imprescindibles en los cuadros políticos, pero siendo conscientes de que no pueden suponer un dogma ni tenemos la obligación de venerarlos, pero como marxistas, sí tenemos la obligación de integrarlos en las condiciones reales de las masas. La actitud formalista y la aplicación sin crítica de las directrices y políticas nos alejan de las masas y nos impiden permear en ellas, y no nos lo podemos permitir.

    Nuevos tiempos, nuevas formas

    Las nuevas formas de comunicación, con la generación de referentes de izquierdas (en todos los ámbitos y niveles de formación política), así como el debate y crítica constante son las mejores formas de llegar a la gente.

    La teoría, y la práctica, nos dicen que no podemos preocuparnos únicamente de aquellas personas o cuadros que forman parte de nuestra organización, sino de todas aquellas personas capaces que forman parte de la sociedad, de toda aquella persona de izquierdas o con una mentalidad progresista, y que no basta con que los cuadros de las organizaciones conozcan las rutas, luchas y movimientos, tenemos que ser capaces de hacerles partícipes y retroalimentarnos de la crítica.

    Youtube, Tik Tok, Instagram, Snapchat y una serie de plataformas que conocemos, nos suenan o ni hemos escuchado hablar, son espacios que tenemos que ser capaces de utilizar, pero siendo conscientes de la realidad de cada plataforma y quien es su usuario potencial, pues no tendría sentido grabar vídeos para Tik Tok con una dinámica que rompe (para mal) con la plataforma, o que fuese una persona que pasa los 50, hablando de teoría política dura a gente de 16 años. No, no y no. Se deben de adoptar posiciones transversales en cuanto a edad y género a la hora de formar los espacios de militancia y de toma de decisiones, también en la estrategia de comunicación, para poder alcanzar los espacios que somos incapaces de ver a día de hoy.

    Lo que comunicamos y cómo lo hacemos es de suma importancia para llegar a las masas y dentro de las organizaciones tenemos que asumir que la política comunicativa de “publicación en facebook y tuit” es vieja, está obsoleta y únicamente llegamos a nuestro círculo militante, debemos de conocer en profundidad las herramientas que tenemos y a las que miramos con desprecio o reticencia, pero que son imprescindibles para la generación de referentes, cuadros y formación política de la gente.

    La producción de las masas, sus intereses, sus experiencias y su estado de ánimo: todo esto debe ser objeto de la constante atención de los cuadros dirigentes. No podemos ser ajenos a la realidad y adoptar posiciones formalistas desde nuestra atalaya de vanguardia ni forzar debates que vayan tres pasos por delante de las masas como “objeto de preocupación real”. En el cometido de la vanguardia, incluyendo youtubers e influencers varios, debe de estar el recoger las ideas de las masas, resumirlas y llevarlas a las masas para que se apropien de ellas y se lleven a la acción, así como generar debates en torno a estas para fomentar el espíritu crítico, la crítica constructiva y combatir el discurso reaccionario.

    Influencers y proyectos

    Recuerdo aquellas intervenciones de Pablo Iglesias en Intereconomía, siendo un auténtico influencer de la izquierda, y en territorio enemigo. Algunos, hasta tuvimos que sintonizar la cadena para poderlo ver. O cuando pasó a ser tertuliano habitual en los programas de TV, con un discurso claro y evidente, generando conciencia de clase y poniendo en evidencia las incongruencias del capitalismo ante toda aquella persona que viera el programa, politizadas o no, las audiencias eran bastante grandes. Nunca se habló de que lo que hacía estuviera mal, porque no lo estaba, y nos gustaba verlo.

    Pero cuando hablo de ámbitos políticos, también hay otros influencers, más jóvenes, mujeres y con el pelo azul como Ter, claramente millenial y consciente de la realidad que nos rodea, que lo transmite con sinceridad y que tan pronto te habla de cómo se siente, normalizando cuestiones de salud mental que afectan a todo el mundo, como la influencia del urbanismo en la vida de las mujeres. Y tampoco te manda a leerte tochos, te lo explica de forma sencilla, clara y con diagramas y dibujos; algo que ella sí se ha leído y comprendido, lo transmite de la mejor forma posible, y no te perderás con sus explicaciones, seguro.

    Si hablamos de niveles diversos de formación política, tenemos varios youtubers como Alan Barroso, Fortfast o Cuellilargo, entre otros, que explican cuestiones políticas a distintos espectros de la sociedad pero que si algo tienen en común todos es ellos, es el tiempo y esfuerzo que dedican en generar un discurso que rompa con el discurso reaccionario y que aporte formación política a las masas. Y esto es importante, el hecho de que haya distintos youtubers con diferentes espectros de audiencia, porque es la forma actual (o una de ellas) de adecuar el discurso a las masas, generando contenido político según estándares modernos para las distintas fases de formación, y a demanda de estas para que puedan ir subiendo su propio nivel a necesidad.

    Y debemos de entender los libros como un complemento a la formación, no como el primer paso, ni el más importante, ni entender la formación clásica como la mejor ni como la única que debería darse en la actualidad.

    Habrá quien piense que la política se hace en la calle y tiene razón en parte, porque la política se hace en la calle pero también en las instituciones (aunque sea socialdemócrata), se hace discutiendo con los tertulianos fachas en medios de comunicación, se hace política al estudiar política y también al discutir y, por supuesto, las redes sociales son una herramienta más desde las que hacer política, dotando de formación (básica o no depende de tu nivel cultural) a las masas y creando conciencia de clase desde estas mediante diversas opciones. La política no sólo se hace en la calle y, a estas alturas deberíamos de tenerlo claro.

    En la calle, o no, sin un objetivo claro, da igual donde te muevas. En las redes sociales no sólo se puede hacer política siendo youtuber o influencer, existen grupos de debate, y herramientas que te permiten elaborar proyectos de comunicación política.

    Con el fin de lograr espacios comunes, de entretenimiento, ayudar a generar discurso político y estudiar de cerca el impacto en redes, hace unas semanas lanzamos un pequeño proyecto comunicativo entre varias personas que, siendo bastante humilde todavía, pero trabajando las herramientas en nuestra mano, en el último mes alcanzamos más de 370.000 personas.

    La juventud es el futuro

    Sí, he parafraseado o copiado textualmente a Mao en muchos de los párrafos. Y espero que, llegados a este punto, haya podido abrir una ventana de luz en muchas mentes, pero como sé que no será en todos los casos y creo firmemente que la juventud debe de tomar relevancia y que saberte un libro de memoria no aporta nada, para los que hayan echado en falta la referencia a libros y no se hayan dado cuenta de las citas, aquí os dejo otra:

    «El mundo es vuestro, y también nuestro; pero, en última instancia, es vuestro. Los jóvenes, plenos de vigor y vitalidad, se encuentran en la primavera de la vida, como el sol a las ocho o nueve de la mañana. En ustedes depositamos nuestras esperanzas». Conversaciones con estudiantes y practicantes chinos en Moscú. Noviembre de 1957. Mao Tse-Tung.

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